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domingo, 6 de noviembre de 2011

Driving advices

Me preguntaron qué consejos daría para las chicas que tendrán que manejar acá y que no tienen demasiada experiencia.

Pues bien. Yo confieso:
Cuando yo llegué aquí, JAMÁS había manejado sola. Mi experiencia al volante había sido siempre con un copiloto a bordo: mi mamá, alguna amiga, exnovio, o instructor de manejo, por lo que siempre conté con la ayuda y en cierta medida, la supervisión de alguien. Además, no sabía cómo estacionarme salvo de batería. No tenía idea si quiera de cómo funcionaban las luces de un auto, pues siempre había conducido de día. La función de los espejos retrovisores laterales era un misterio para mí. Es decir: mi experiencia era prácticamente inútil para lo que mi hostfamily requería de mí. Si bien, yo aprendí a manejar hace muchos años (2006) y en estándar, mi práctica siempre fue ocasional y discontinua.

Así que tenía yo doble desventaja en cuanto a manejar refería: por un lado, mi inexperiencia; y por el otro: las diferencias culturales respecto a normas de vialidad, que hacen que tu experiencia sirva un poco menos.

Mi recomendación número uno es que no acepten a una familia que requiere servicio de transporte para sus hijos, a menos que tengan suficiente experiencia. Acepten solamente sólo si van a utilizar el auto para su transporte personal, pero no si van a transportar a los niños. Esto es porque una de las mayores causas de rematch es la inconformidad de los hostparents con respecto al driving de sus au pairs, ya que no quieren exponer a sus hijos a un riesgo innecesario, cuando hay muchas safe drivers esperando por un match. Además, aunque en su país latino manejen bien, los papás gringos son un poco paranoicos al respecto: supe de dos au pairs -con suficiente experiencia sobre ruedas- a las que tuvieron que contratarles instructor de manejo para que los papás estuviesen tranquilos; por lo que  si a esas familias llega una au pair que no está segura ni de cómo encender el auto, muy probablemente su largo año en el extranjero termine siendo una corta quincena.

Yo me arrepentí terriblemente cuando tuve que empezar a manejar aquí y mi hostdad se dio cuenta de que experiencia no tenía y miedo sí. Afortunadamente, tuvieron paciencia conmigo y aunque empecé a manejar apenas llegué, no me dejaron sola sino hasta después de un mes en el que se aseguraron que entendía bien las señales de tránsito y me sentía medianamente segura con mi desempeño manejando.

Ahora, ya tomo el coche para llevar a los niños a donde se necesite, y también lo ocupo para mi transporte personal aunque sean distancias relativamente cortas. Le perdí miedo a la carretera, aunque aún no manejo en highways. Manejo de día o de noche, con o sin lluvia. Ya no ando a veinticinco millas por hora, sino que me ajusto al límite de velocidad. Ahora siempre espejeo y ya no me siento como si tuviese ceguera temporal. Tomo las curvas sin temor a salirme (manejo mayormente en carretera). Y desde luego que sigo siendo pésima para estacionarme y por ello, siempre escojo los cajones más alejados para asegurarme de tener suficiente espacio.

En general, he mejorado mucho, y tanto mis hostfamilia como yo nos sentimos más confiados con ello. Sin embargo, sé que tuve mucha suerte de encontrar a una familia que fuese paciente. Así que mi recomendación es, como dije, mejor no arriesgar su inversión (quince mil pesos aproximadamente) si no tienen suficiente experiencia. Yo tuve días de estrés tan intensos en los que me arrepentí terriblemente haber aceptado a la familia, y la verdad es que el insomnio, la angustia, y el deseo de que se roben tu coche durante la noche no es algo que una au pair debería experimentar. 

Ahora bien, si ya aceptaron y les está entrando mucho nervio (y con mucha razón), mis recomendaciones son:
1.- Si van a manejar en carretera y nunca antes lo han hecho -como yo-, manténganse sobre la velocidad máxima permitida. Es más peligroso ir lento y que las vayan rebasando por el carril contrario, que ir a una velocidad constante aunque sea mayor de la que están acostumbradas a manejar.
2.- Ajústense a las normas de tránsito -las de cortesía y las de señalización- como nunca antes en su vida. Usen sus luces direccionales, denle el paso al peatón SIEMPRE, no superen el límite de velocidad porque aquí hay cámaras.
3.- Cuando manejen con sus hosts, aprovechen para preguntar el significado de todas las señales de tránsito que no tienen en su país. Pongan atención a los semáforos y pregunten cómo funcionan las luces en ellos. En México, por ejemplo, está prohibido dar vuelta a la izquierda sin una flecha verde que lo indique. Aquí existe una especie de 'vuelta a la izquierda continua con precaución' si el semáforo está en verde, aunque no tenga flecha.
4.-Si aún no son muy buenas estacionándose, elijan cajones alejados aunque tengan que caminar más. Al menos, mientras se habitúan al coche y pueden calcular bien sus distancias. Es preferible dar algunos pasos, que un golpe. Además, no se angustien. Yo no he visto un solo estacionamiento donde pidan entrar de reversa.
5.- No anticipen a su hostfamily que tienen miedo o se sienten inseguras. Créanme: lo notarán por sí mismas.
6.- Al maniobrar de reversa, no olviden mirar en todas direcciones. Hacia atrás, a los lados con los retrovisores y sin descuidar el frente. Ya sé: una tortura pero es posible.


Creo que es todo. Si recuerdo algo más, lo añadiré.

Mientras, practiquen tanto como puedan.

domingo, 2 de octubre de 2011

Honeymoon

Cuando pedí información para sumarle el trabajo en el extranjero a mi historia de vida, la directora de una de las agencias que consulté me contó que cuando las au pairs llegan a Estados Unidos entran en una etapa de luna de miel profunda y todo les parece perfecto, por lo menos por un mes. Sienten que es el trabajo de su vida, que aman a la familia y que nacieron para vivir al american style. 

Bueno, pues eso no me pasó a mí. A pesar de que mi primer mes aquí ha resultado bastante aceptable porque valoro tener unos hostparents respetuosos de mi horario de trabajo, bastante despreocupados -que no les importe demasiado salir después de la hora de dormir para buscar a su au pair extraviada-, que comparten abiertamente su casa conmigo -desde el champú y los postres hasta las labores diarias como vaciar el lavavajillas- y unos niños, aunque caprichosos, bastante domesticados; no sentí ninguna fascinación por mi nueva vida.

No misunderstandings: me encanta estar aquí -con todo lo que eso implica-. Pero en ningún día de mi primer mes sentí que estuviese en la cima de una montaña rusa, comiéndome un helado de triple chocolate Häagen Dazs, escuchando una rola beatle y teniendo un orgasmo clitoreo al mismo tiempo.

Si bien siempre supe que venía a trabajar y que esto no era un viaje de placer (lo cual considero que  me ha servido mucho, como para no estar lloriqueando  a diario por mi novio, mi mamá y mis fines de semana alcoholizados), no imaginé cómo ciertos factores podrían entorpecer esa luna de miel que en otra agencia me prometieron.

No pensé que sería tan aburrido.
No pensé que sería tan difícil manejar (o dicho de otro modo: no sabía cuán mal manejaba yo.)
No pensé que extrañaría tanto la comida.
No pensé que acá todo sería tan caro.

¡Mi horario de trabajo es fabuloso! Si viviera en México. Acá, sin amigos, sin una plaza comercial, sin un bar cercano donde toquen buena música, los weekends off sirven de muy poco. Mi mayor entretenmiento después del internet y mirar el techo sin descanso, es torturar mayates americanos (no sé qué insecto sean, pero si los aplastas, en venganza sueltan un hedor terrible). Una vez le puse pasta dental a uno y se veía bastante fancy con su cubierta azul nacarada. Es decir: me aburro terriblemente si no hay un alma piadosa que venga a sacarme -montada en un vehículo motorizado- del tedio que es vivir en un bosque. Y ello nos lleva a la queja número dos: la imposibilidad de manejar.

Durante el match, la familia me dijo que todo servicio me quedaba 'cerca' de casa: gimnasio, cine, mall, Starbucks y bares. Todos esos lugares donde una persona de mi edad quiere pasar su tiempo libre. Cuando llegué aquí, supe que 'cerca' significaba 'quince minutos en coche', o lo que es lo mismo: 'imposible llegar ahí caminando'. Entonces, a pesar de que ellos me prestan su automóvil para que vaya a donde quiera, yo estoy tan aterrada con respecto a las diferencias de tránsito entre este país y el mío (¡aquí los semáforos no parpadean en verde!) y me siento tan poco apta para manejar en una vialidad de tipo carretero, que lo último que quiero es ponerme tras el volante.

En cuanto a la comida, tuve mi propio trip. Uno bastante infantil pero lo suficientemente significativo como para pensar que no padecería. Pensé que sería feliz comiendo en Dunkin Donuts a diario, que nunca me hastiaría de los helados Ben & Jerry's que en México son carísimos, que me fascinaría llenar mi carrito de súpermercado con mucha, mucha junk food disponible únicamente en este país. ¡Y así fue! La primera semana.
Ayer me regocijé al encontrar un chorizo mexicano de muy buen sabor, aunque lamenté que las tortillas de maíz fuesen tan malas. (Aún no encuentro unas que sepan igual que las de allá). Es curioso: uno viene a un país distinto a probar su cultura, y termina por buscar lo más parecido a la de origen. A veces no como porque no se me antojan sus congelados listos para calentar y servir. Tengo ganas de un arroz rojo con chícharos como el que hace mi mamá y unos frijolitos refritos con queso ranchero encima. Y bueno, la posibilidad de que mi arroz resulte como el de mi mamá es bastante, bastante, improbable, por lo que creo que no volveré a probar un buen arroz sino hasta el año entrante.

Por último: el dinero. Cuando yo hice la conversión de 195.75 dólares a pesos mexicanos, me dio un resultado mayor de lo que yo ganaba semanalmente en mi empleo en México, así que pensé que con mi sueldo de au pair podría darme la gran vida. Pero no fue así.
A diferencia del lugar donde yo vivo, acá todo es de marca y cuesta lo que cuesta una marca. Yo en México no compraba un champú Pantene de setenta pesos, sino que buscaba otros más económicos de marcas nacionales y el resultado nunca me dio problema. No compraba cosméticos Maybelline ni usaba jamás un esmalte de uñas Covergirl de cien pesos. Si quería un bote de helado, no me compraba uno de marca alemana de ochenta pesos, sino que confiaba siempre en la buena Holanda y sus litros de veinticinco pesitos. Siempre buscaba las alternativas más económicas. Acá, no hay tales. ¿Quieres una sombra, un polvo compacto o un esmalte? Diez, doce, quince dólares. ¿Zapatos? Cuarenta dólares. ¿Un a bolita de helado? Cuatro dólares. ¿Viajar en taxi? Cincuenta dólares por una distancia irrisoria.
Aun así, supongo que el dinero alcanza bien para la mayoría de las chicas. Pero para mí que debo dividirme entre mi familia, mi deuda y mi vida americana, de mis diez mil pesos mensuales me viene quedando lo suficiente para comprarme un champú Pantene.

Como sea, esto es sólo el principio de mi año. Un año que a pesar de su aislamiento social, sus precios altos y sus extrañas reglas de tránsito, pienso vivir completito, aunque esto sea como un matrimonio sin luna de miel y aunque nunca pueda comprarme dos pares de zapatos un mismo fin de semana.

sábado, 23 de julio de 2011

Driving issue

Cuando hablé con la actual au pair de mi futura familia, a pesar de quedar encantada, también resulté un poco torturada. 

Esto debido al hecho de que a diferencia de lo que yo había imaginado, sí hay speedways de ocho carriles con salidas cada ocho mil trescientas doce millas (que, tal como dijo Indi: si pierdes tu salida, tendrás que manejar ocho mil trescientas doce millas para tomar la siguiente) que hay que usar a diario para llevar a los niños al colegio. Y la verdad, es que mi experiencia al volante es bastante doméstica. Vivo en una ciudad pequeña y las avenidas no tienen más de tres carriles y hay vueltas y retornos en cada cuadra. Si por error escogiste un carril incorrecto, no hay nada que sacar el brazo por la ventanilla y sonreír, no solucione el rumbo errado. Así que no me imagino conduciendo en una vialidad de otro tipo. Lo peor, lo peor, es que me dijo que sí es necesario tramitar la licencia estatal de manejo ¡y eso me aterra! Debo confesar que estacionarme decentemente me lleva unos cuantos intentos antes de dar con la posición justa, de tal modo que el día que presenté mi examen de manejo en mi ciudad, reprobé en el apartado de: ‘estaciónese en tres movimientos y no pierda la sonrisa en el intento’ pero afortunadamente la agente que me hizo el examen se apiadó de mí, de mi severo problema de descoordinación motriz y de mi aterrada mueca facial. Sin embargo, no creo que ocurriese lo mismo con un agente americano, a menos que se sintiera increíblemente atraído por mi extranjerísima cara de desolación.
Por un momento vi mis planes derrumbarse y me imaginé volando de regreso a casa, con las deudas encima y los ánimos abajo, debido a un rematch sin solución, por no poder obtener mi licencia internacional.

La au pair me dijo: “espero que sepas manejar muy bien, porque la familia no tiene tiempo para perder en perfeccionar tu estilo de manejo." Yo sólo espero que no tengan problema con mi forma de estacionarme al décimosexto intento, y con mi inexperiencia manejando a cualquier velocidad que sea superior a la de un burro con patines.

Puedes ser la au pair más experimentada, la más atenta, la más cariñosa y tener el mejor sazón del mundo. Pero si no eres lo suficientemente buena manejando, el paquete de au pair que la familia encargó casi por catálogo, está incompleto.

Me pregunto qué tan exigentes serán los papás anfitriones con el estilo de manejo de su au pair y qué considerarán una 'buena conductora'. ¿Tendrán un margen de error o te botarán al primer bache que le atines?